sábado, 8 de agosto de 2026

gesto

 Creo que la experiencia de navegar ya sea en un disco compacto o en Internet (sorfear en el dialecto del cybernauta), la libertad que se experimenta y la satisfacción de contar con una respuesta a la medida de nuestras preguntas y curiosidades, es irreversible; es decir, la persona que se ha metido en Internet, en la telaraña, empezará pronto a sentirse incómoda frente a la pantalla de televisión: se siente inútil, quiere tener algún tipo de control sobre lo que está viendo.

El código es un lenguaje utilizado para comunicarnos con la computadora; tiene sus propias reglas, sintaxis y significados. Como los escritores, el programador también tiene su propio estilo que incluye estrategias para la optimización del código y manera de comentar para otras personas que verá el código también.

El código puede hablar de literatura, lógica, matemáticas.. Contiene diferentes capas de abstracción y las enlaza con el mundo físico compuesto por chips de memoria y procesadores. Todos estos recuersos contribuyen a la expansión de los límites de la poesía contemporánea usando el código como un nuevo lenguaje. El código habla de vida o muerte, de amor o desamor; el código está hecho para hablar no para correr run.

El gesto, en la acepción primegenia de la palabra, remite al movimiento de partes del cuerpo humano como las manos, brazos o la cabeza. Este movimiento corporal, consciente o no, puede ser la principal vía de expresión de pensamientos y sentimientos, o colaborar para dotar de una mayor fuerza expresiva al lenguaje verbal. También existe otra manera de entender el gesto, una conceptualización que conecta con una determinada manera de ser y obrar, gesto entendido como actitud, acto o intervención. El gesto del artista -de un artista pintor- nace al extender la idea de gesto a la práctica artística en general y a la pictórica en particular. El gesto artístico de un pintor se desplega en el proceso de trabajo y preserva los dos niveles originales del gesto en el acto de la creación pictórica. El nivel externo en la faceta corporal, la incidencia física del gesto, del trazo mutando la materia, del proceso y la técnica empleada. El nivel interno en relación con el pensamiento consciente e inconsciente, con los postulados del pensamiento artístico y las emociones, con la inspiración que hace brotar el gesto y lo clausura. Ambos niveles del gesto artístico, interno y externo, confluyen en la acción que plasma la obra. Esta última tiene una existencia continuada en el tiempo contraria a la del gesto, impermanente como el artista y habitualmente huidizo en el espacio.

O la armonía emana de un gran ordernado conscientemente melóman o todo el universo no existe más que como un sueño en la imaginación armoniosa del homo sapiends (¿y porqué es entonces tan armoniosa?)

y talvez algun dia sepamos de aquello o talvez no, pero cierro Los ojos y me imagino

Es decir, Internet no es un producto tecnológico habitual con límites materiales definidos, al contrario, es una abstracción que de alguna manera agrupa ordenadores, protocolos, programas de aplicación, contenidos, nombres de dominios, direcciones de correo electrónico, etc. Así, ¿qué es exactamente Internet? La imposibilidad de definir la red de forma precisa ha llevado a los usuarios a aprender a utilizar esta herramienta sin saber exactamente cómo lo hacen y también a crear metáforas como “red”, “autopista de la información”, “malla virtual”, “espacio”… para abarcar de algún modo este ente.

De este modo, las definiciones de Internet se han ido conformando en un intercambio social en el que técnicos y usuarios han aportado sus concepciones personales sobre qué es la red y sobre qué puede esperarse de ella. Así, el producto cultural que es Internet se ha ido gestando desde sus orígenes, pues si al principio era un instrumento de uso bélico y restringido, los usuarios enfatizaron una de sus características secundarias, la comunicación, y la convirtieron en el centro de la red. Es decir, que Internet no sólo ha evolucionado como un producto tecnológico, sino también como un constructo social y cultural:

La mitología según la cual en Internet se puede manifestar una mente colectiva indistinguible de Dios subyace en gran parte de los nuevos cultos. El lenguaje de moda para expresar estas ideas procede de la ciencia-ficción. No es raro: éste es el género literario que exploró e incluso anticipó muchas de las innovaciones que se disfrutan en la era digital. En su libro Techgnosis, el gurú de la cibercultura Erik Davissostiene que los tecnófilos son firmes candidatos a creer que la Red refleja “el alma profunda del ser”. Para los nuevos místicos, la Red sería el eslabón perdido,la vía regia para acceder a un espacio donde se fusionan la mente y el espíritu de millones de individuos capaces de crear “una criatura espiritualmente superior”. Davis calcula que sólo en los EE.UU. existen entre 100 y 300 mil almas que adhieren al credo tecnopagano (Davis, 1998).


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