Lo principal no es comenzar a pintar precozmente, sino ser primeramente un individuo. El arte de dominar la vida es el requisito previo para todas las demás formas de expresión, ya sean pinturas, esculturas, tragedias, o composiciones musicales.
Tenemos el anhelo que algo se haga como resultado de la intensidad ferviente de nuestra mirada,
fé en que se nos comprende de forma transparente, ilusión de que el que mira mirar. mira la mismo
que el que mira, y se siente impelido a sentir el mismo deseo, ejecutarlo como si fuera propio.
También utilizamos la mirada como una señal de sincronía, de acuerdo armónico, procurando creer
que no sólo la mirada atraviesa el alma de nuestro prójimo sino que por el agujero se van todos los
efluvios que podrían manchar un momento de satisfacción, amor o embeleso.
La mirada, puestos a abusar de su magia, también podríamos especular que es capaz de hacer mal,
de provocar mala suerte, como si es forma malévola de posar la vista contagiara con mal de ojo al
mirado, que se vería así arrastrado a las peores desgracias sin tener nosotros que provocar trabajosamente
su caía.
un emperador chino pidió un día al pintor de su corte que borrara la cascada que
había pintado al fresco en la pared del palacio porque el ruido del agua le impedía
dormir
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