En el desplazamiento epistémico que conduce de la matriz teocéntrica medieval a la invención del Hombre como figura secular, Sylvia Wynter (2003) no identifica una ruptura ontológica, sino la rearticulación del “enunciado descriptivo” que define lo humano. En la episteme cristiano-latina medieval, lo humano no constituía una categoría autónoma, sino una instancia subordinada a un régimen teológico de verdad organizado por la distinción Espíritu/Carne, salvación/condena y gracia/caída. Este orden operaba como dispositivo de inteligibilidad del mundo y de producción de subjetividad, articulando simultáneamente conocimiento, existencia y jerarquía.
La transición hacia la modernidad no elimina esta estructura, sino que la resemantiza mediante la sustitución del fundamento sobrenatural por la figura del Hombre como sujeto raciocéntrico. El lugar previamente ocupado por Dios como principio organizador es reocupado por una forma de subjetividad que se presenta como universal, pero que corresponde a una particularidad histórica: el sujeto europeo, secularizado y portador de la razón como criterio de validación epistémica. Así, el Hombre no emerge como categoría neutral, sino como sobre-representación que universaliza una localización específica del ser humano (Wynter, 2003).
Este desplazamiento implica una mutación en la causalidad ontológica: la voluntad divina es sustituida por la naturaleza como sistema autónomo de leyes, pero la jerarquía no desaparece, sino que se naturaliza. La razón se convierte en nuevo principio de diferenciación entre lo plenamente humano y sus formas deficitarias, reubicando la lógica de la salvación en términos de racionalidad, progreso y adecuación cognitiva al mundo.
Wynter (2003) denomina este proceso como la emergencia de la sobre-representación del Hombre, en la que un modelo específico de ser humano se instituye como norma global de lo humano. Esta operación no es solo epistemológica, sino constitutiva de la colonialidad del ser/poder/verdad, al producir simultáneamente un régimen de inteligibilidad y una jerarquización de las formas de existencia.
En este sentido, la transformación del valor divino del hombre hacia su configuración como sujeto intelectual no constituye una emancipación lineal, sino una reconfiguración del dispositivo de legitimación ontológica. El Hombre no sustituye simplemente a Dios, sino que reocupa su función estructural como principio organizador de lo humano (Wynter, 2003).
Wynter, Sylvia. (2003). Unsettling the Coloniality of Being/Power/Truth/Freedom: Towards the Human,
After Man, Its Its Overrepresentation--An Argument. Michigan State University Press.